1. Zancada demasiado larga
Si tu pie aterriza muy por delante de la cadera, cada paso actúa como un freno, y el impacto sube directo hasta la rodilla. La solución: acorta la zancada y apunta a una cadencia de 170-180 pasos por minuto. La mayoría de los principiantes corren a 150-160. Usa una app de metrónomo a 175 bpm y ajusta tus pasos al ritmo.
2. Pisar fuerte con el talón
Aterrizar con fuerza sobre el talón envía una onda de choque a través de la tibia hasta la articulación de la rodilla. No necesitas cambiar a pisar con el mediopié, solo busca aterrizar más suave y más cerca de tu cadera. Corre descalzo en la cinta durante 60 segundos: tu cuerpo encontrará de forma natural un patrón de aterrizaje más silencioso y eficiente.
3. Cruzar la línea media
Obsérvate en un espejo o en video: si tus pies cruzan la línea central de tu cuerpo, el estrés rotacional recae sobre rodillas y caderas. La causa suele ser un glúteo medio débil. Solución: agrega 2 series de 12 clamshells con banda y 2 series de 10 puentes de glúteo a una pierna a tu calentamiento.
4. Torso encorvado
Mirar hacia tus pies hunde el pecho e inclina la cadera hacia atrás, obligando a la rodilla a absorber más fuerza. Clave mental: 'alto desde la coronilla, mirada 20 metros al frente'. Imagina un hilo que jala la parte superior de tu cabeza hacia el cielo.
5. Manos en garra
Las manos tensas y los puños cerrados crean tensión que sube por los brazos, llega a los hombros y baja hasta las caderas. Corre con los pulgares apoyados suavemente sobre los índices, como si sostuvieras una papa frita sin romperla. Todo el cuerpo se relaja, la zancada se alarga y la carga sobre la rodilla baja.




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